Eduardo Galeano – entrevista

23 octubre 2009

Entrevista de AMARC‑Uruguay con Eduardo Galeano sobre radios comunitarias  y su saludo al encuentro “Con los pies en la tierra y la voz en el aire”

Radio RELATOS

 

Por Eduardo Galeano

 

 

 

—¿Qué le parece este Encuentro de pies en la tierra y voces en el aire?

Quiero empezar por decirte esto: apoyo con ganas, con muchas ganas, esta iniciativa. Lamentablemente, no voy a estar en el país en los días en que se hace por otros compromisos que tengo afuera; pero bueno, voy a estar sin estar estando, como quien dice.

Porque me parece estupendo que se reúna la gente que está intentando una comunicación alternativa en los diferentes países y que comparta durante algunos días inquietudes, iniciativas, problemas, desafíos que son comunes, con vistas a ver cómo se puede desarrollar esa comunicación alternativa, que es la última esperanza de la humanidad en materia de comunicación, porque los medios de comunicación poderosos conducen de un modo progresivo a la incomunicación.

 

—En este mundo cada vez más complejo, ¿qué papel están jugando los medios de comunicación?

Por un lado, los privados, que son los dominantes, tienden al monopolio de la información y la comunicación en manos de muy poquitos. Por otro lado, está la comunicación en manos del Estado, que también tiende a otro monopolio, a menudo divorciado de la voluntad popular que dice expresar o representar.

Y bueno, en medio de estos dos polos, se abre esta alternativa que yo creo que es la que hay que desarrollar: la propiedad social y de los medios sociales de comunicación. Pero por ahora esto es chiquito, es poco, en relación al poder de la comunicación, digamos, incomunicadora.

Curiosamente, el desarrollo, la tecnología de los medios de comunicación, de la tecnología de la comunicación, no está sirviendo para multiplicar la comunicación, sino para incomunicarnos cada vez más. Quizás porque este es un mundo trágicamente señalado por la inversión de los fines y los medios. O sea, por un secuestro de los fines por los medios.

Y entonces, los que empiezan siendo instrumentos puestos al servicio de la gente, puestos al servicio de las personas, terminan por poner a las personas a su servicio. Es como el signo trágico del fin de siglo. Terminamos por ser instrumentos de nuestros instrumentos.

Esto ocurre en el campo de la comunicación y en todos los demás campos. Somos manejados por nuestros automóviles, somos comprados por los supermercados, y somos mirados por la televisión.

—¿Será posible con estos medios alternativos comunitarios revertir, aunque sea un poquito, esa visión tan trágica de lo que es nuestro mundo?

A las cosas hay que verlas como son. La única manera de ayudar a que el mundo cambie consiste en enfrentarlo, en verlo tal cual es. Sí, es verdad que la realidad del mundo actual es muy poco democrática, por no decir lisa y llanamente, muy antidemocrática.

No sólo por la injusta distribución de los panes y de los peces, por el hecho de que en el mundo son cada vez más los que necesitan y cada vez menos los que tienen y es cada vez más honda la fosa que separa unos de otros, sino también por que son cada vez menos los opinadores y cada vez más los opinados.

O sea, porque el derecho de información, que tendría que ser un derecho universal, el derecho de expresión, el derecho de comunicación, que son teóricamente derechos universales, en realidad funcionan como privilegios de poquitos. Está la información, la comunicación masiva en manos de un puñado de grandes empresas.

En la escala mundial no son más que cuatro o cinco grandes empresas multinacionales las que disponen de la información en el mundo. Y las que se dan el lujo de desinformar impunemente al planeta entero. Son ellas las que nos están incomunicando en nombre del derecho a la comunicación. Y las que nos están negando el derecho democrático a la expresión en nombre de la democracia. Nunca fue tan paradójico el mundo como en los tiempos que corren.

Te diría que no solamente es necesario, sino imprescindible el desarrollo de una comunicación puesta al servicio de la gente. Pero que de la gente nazca. No la que actúa en nombre de las personas, los sindicatos, las comunidades, los barrios, sino la que de veras los expresa. Hay una suerte de cadenas de intermediación interpuestas entre la gente y la expresión popular, que ha convertido a la expresión popular en una caricatura de la gente.

Entonces, se trata de devolver la voz a la boca y para ello es necesario volver a las fuentes. Que los sindicatos tengan sus medios de expresión, que las comunidades los tengan, que los tengan los barrios, que los tengan los vecinos, que los tengan las cooperativas, que los tengan las mil y una maneras que encuentra la gente de organizarse en los microniveles, en los niveles chiquitos.

Yo creo que es fundamental la ampliación de esos espacios y la preservación y multiplicación de esos espacios. Me parece una verdadera barbaridad, una cosa de veras —no te digo incomprensible porque lamentablemente es comprensible— pero imperdonable, que en nuestro país la comunicación en el nivel de la radio y de la televisión siga estando en manos militares, como si viviéramos en dictadura. Es absolutamente increíble que esto ocurra así, a tantos años de la recuperación de los derechos democráticos en el país.

Es como una triste caricatura de democracia la que se nos está ofreciendo cuando el control de la radio y la televisión está en manos del Ministerio de Defensa Nacional. Yo creo que tiene que volver a manos civiles y que tiene que ser de todos, y que la comunicación es un derecho público y que, por lo tanto, no puede de ningún modo ser reducida a la categoría de favor del poder, que es como funciona en la actualidad.

En un país como éste, como el Uruguay, la comunicación es un favor del poder. Si el poder político resuelve otorgarte ese favor, entonces tenés derecho a tener una radio y a expresarte. Y son, como sabés, tres familias las que disponen de ese favor del poder en la televisión, tanto en la abierta como por cable, lo que es una situación de monopolio de una injusticia que clama a los cielos, porque hay que ver el mal uso que están haciendo de este privilegio esas tres familias todopoderosas.

Somos el país que tiene una mayor proporción de avisos sobre la programación. Estamos condenados a un diluvio incesante de publicidad, reducidos los ciudadanos a la condición de tristes consumidores, y consumidores obligatorios de publicidad. Y además, no hay programación nacional, o sea, es una concesión que ha sido utilizada al modo de una máquina traganíqueles para hacer negocios sin ofrecer nada a cambio. Se compran programas enlatados, cuanto más baratos mejor; y cuanto peor, mejor, porque son de un nivel impresentable.

Entonces, me parece fundamental desarrollar en el Uruguay y en los demás países, a escala internacional, el trabajo conjunto de la gente que lucha por la recuperación de la comunicación como un derecho democrático. Yo creo que en el mundo tal cual es, en nuestro país, y en los demás países, la comunicación, el ejercicio del derecho a la comunicación no es democrático. Tendría que serlo, debería serlo, pero no lo es.

Está en manos de muy poquitos que son los que impunemente disponen de muchos o disponen de todos. Hay, pues, que recuperar el derecho a la comunicación como un derecho humano inalienable, como uno de los derechos humanos fundamentales, porque es el que en definitiva nos permite creer a cada uno de nosotros que cada uno de nosotros no termina en sí mismo.

 

—Tal como tú dices, la diversidad es algo bueno.

Creo que la diversidad no solamente es algo bueno, sino que es imprescindible para que la aventura de vivir valga la pena.

Porque lo bueno de la aventura humana en el mundo es que es diversa, que es múltiple. Menos mal que los seres humanos somos muchos y diferentes. Cuidado con un mundo que se nos ofrece ahora al fin de siglo como único mundo posible, un mundo donde el que no se muere de hambre se muere de aburrimiento.

Nunca el mundo fue tan desigual en las oportunidades que ofrece. Y nunca el mundo fue tan igualador en las costumbres que impone. Paradoja de paradojas: un mundo tan desigual que es al mismo tiempo tan igualador.

Es desigual en la injusticia, en la distribución de sus recursos y de sus oportunidades, porque es cada vez mayor el abismo que se abre entre los muchos, los muchísimos que no duermen por hambre y los pocos, los poquísimos, que no duermen por miedo.

Pero es un mundo cada vez más igualador en el sentido de que es un mundo que tiende a la uniformización, y que está progresivamente borrando o intentando borrar la diferencia y el derecho a la diferencia, que es la alegría del género humano: la diversidad.

El hecho de que cada pueblo tenga su propio perfil y su propia identidad, su propia manera de decir, de soñar, de cantar, de enojarse, de bailar, de hacer el amor, eso es lo que se está borrando a través de la imposición universal de ciertos moldes obligatorios. Y esa imposición corre por cuenta de los medios de comunicación masivos.

Por eso, me parece imprescindible que en la recuperación de la diversidad perdida y en la afirmación del derecho a la diferencia cumplan un papel fundamental los medios alternativos de comunicación, los de veras democráticos, los medios de propiedad social que provienen de la gente en sus niveles básicos de organización, la del barrio, la del sindicato, en todos los niveles en los que esa organización comunitaria pueda florecer. Yo te digo: en eso, creo.

Está visto que el monopolio privado conduce al abuso de muy poquitos. Está visto que el monopolio estatal termina por conducir también al abuso de muy poquitos. En un caso, unos grandes empresarios todopoderosos. En el otro caso, unos cuantos burócratas que se arrogan el derecho de representar a la sociedad en su conjunto. Ni una cosa ni la otra, ni los excesos del estatismo ni los excesos del mercantilismo, de la idolatría del mercado, que parece ser ahora la triste regla universal en un mundo donde todo se reduce a mercancía: las personas y los países también.

Ni una cosa ni la otra: ni el sacrificio de la justicia en nombre de la libertad, ni el sacrificio de la libertad en nombre de la justicia. Vamos a trabajar para que estas dos hermanas siamesas puedan volver a pegarse las espaldas, que es lo que ellas quieren: la justicia y la libertad unidas para siempre.

Y en ese sentido es imprescindible el desarrollo de la propiedad social. Y es por el desarrollo de la propiedad social que brega este congreso, este encuentro de las radios comunitarias que quiere tener los pies en la tierra y la voz en el aire.

Y por eso me parece tan digno de apoyo. Porque esa es la única alternativa abierta en este mundo del fin de siglo, para que el próximo, el XXI, no sea una triste caricatura del que ya está muriendo.

Montevideo, abril 1996.

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Publicado en http://www.radioteca.net, en “articulos y Ponencias

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